... es el que te provoca nacer en Alaska y crecer en Ontario, supongo. El color del cielo y la temperatura ambiental se traslada a tu hipocampo y luego no hay manera de que puedas abandonar las texturas fragmentadas, las largas escaleras de grises, las expresiones taciturnas, la psicosis y la constante pesadumbre. Me imagino que esto finalmente te lleva a una escuela de arte, a la sála de máquina de la noria de un parque de atracciones abandonado o a diseñar muebles para Ikea. Este se ha hecho ilustrador, pero fijo que tonteó con la posibilidad sueca.
Acabamos la semana con el trabajo de un fantástico ilustrador llamado Sam Weber, autor de las imágenes que acompañan esta entrada y de multitud de editoriales para publicaciones como New Yorker, Playboy, Time o Rolling Stone entre otras, y recupero de paso la sección Soundtracks para acercaros una descriptiva banda sonora que ambientaría perfectamente su trabajo. Precisamente la trama de la película se desarrolla en Alaska, el título: 30 days of night, el autor de la música: Brian Reitzel.
Tened a bien pulsar play mientras visitáis el sitio de Sam Weber ¿A que le pega?
...54 46 was my number Right now, someone else has that number I said yeah What did I say? Don't you hear? I said yeah (yeah yeah) Listen to what I say (what I say) adabadadibidibidibidibi...!!!
Mira podréis decir lo que queráis del neorealismo Italiano y de lo grandísimo que era Marcello Mastroiani y del chocoplasta de Pasolini, del celeberrimo Truffaut y sus 400 petardadas, del free cinema, del angustias de Lars von Trier y los desvarios de Fassbinder, la memez irreprochable del gran Godard, el genio de Hitchcock -Crom guarde en su montaña tu despiadada mente y la calva que la protegía-, el cine experimental, la Avant-garde de donde sea y la comida de tostada que le hizo Hollywood al pobre Tarkovski y dicho sea de paso la cadenciosa y sublime majestuosidad del cine de Kubrick... PERO en la vida una película me la ha puesto tan dura como Conan The Barbarian y eso que es la infamia cinematográfica hecha celuloide. Sí, sí, los actores provocan una mezcolanza de pena y asco, la historia original de Robert E. Howard sirvió para que todo el equipo de rodaje se sonase los mocos provocados por la misma enfermedad que los dejó lerdos para dirigir nada que no fuera caca y el resultado entre entrañable spaguetti western e infumable subproducto de espada y brujería (y eso que fue el primero de una serie de agarrate que viene curva) no pudo provocar más indignación para los fans del musculado bárbaro que si hubieran escogido para el papel principal a Klaus Maria Brandauer. Todo esto es cierto, pero podéis coger todo el cine supuestamente de verdad y meteroslo donde no luce el sol, porque la banda sonora que el divino Basil Poleoduris compuso, orquesto y dirigió para esta película la convierte en la mejor que la historia del cine ha podido rodar jamas.
Este despropósito tiene su explicación en el hecho de que en la original, no incluyeron el tema titulado The Kitchen y ahora, verbigracia del P2P que está sometiendo a las compañías que ostentan los derechos de estas películas a exprimir sus productos con la esperanza de que los coleccionistas compren y no bajen, resulta que lo han incluido y remasterizado y lo tengo sonando a todo trapo mientras busco taparrabos en Ebay y afilo mis espadas para asolar las fiestas de Poblenou esta noche. 2 Minutos 16 segundos de absoluta y pura épica.
Diréis que soy un freak, pero no hay Wagner que esté a la altura de esta partitura ni Verdi a la de este libreto:
Alum dare id Hephaestus, id ire fundi fati virum, omni brachium pulchris profundis, infernarum servi fati Impoteo Infernarum ooo pulchris infernarum profundis Impoteo, impoteo fati Impoteo Infernarum alum dare, orire, id Hephaestus, id ire, pro profundis fati, pro pulchris infernarum profundis pro pulchris omni fati brachium pulchris profundis infernarum servi fati profundis, profundis fati alum dare, orire id Hephaestus, id ire pro profundis fati.
Se trata de un fantástico vídeo en el que Tom Geraedts practica un ejercicio de estilo para representar lo que desde su punto de vista, es la imaginación de una persona ciega. La pieza esta realizada con atención y cariño y posee momentos de motion graphics realmente notables. Es una auténtica lástima que para un fragmento de la música hayan 'reproducido' el tema principal de la banda sonora original de El Laberinto del Fauno de Javier Navarrete. No desmerece la pieza en absoluto, ni igual tienen tanto parecido pero a mi me saca de una historia y me lleva a otra. Una de odiosas comparaciones:
A Darren Aronofsky lo conocereis la mayoría por la celebérrima Requiem for a Dream o por Pi, pues hace unos tres años dirigió un ambicioso proyecto titulado The Fountain y que contó con un amplio presupuesto, pero que derivó hacía un filme excesivamente fantástico y onírico para el público mainstream. Y yo que me alegro. No porque no hiciera taquilla, sino porque la película fue un apasionante viaje a través de la bruma del sueño hacia un bello y romántico remanso de paz. Uno de esos ejercicios de estilo que más alla de querer contar una historia de principio a fin, ahondan en la simbología universal reinventando los viejos mitos y transportando al espectador hacia el más absoluto preciosismo. Cuando acabó, me quedé clavado en el asiento hasta que se hizo evidente que había que retornar a la realidad.
La banda sonora vuelve a ser esta vez de Clint Mansell y desgrana en ella toda la tragedia que acompaña al film. Es por momentos terriblemente desgarradora, violenta, vehemente y también romántica. Tanto como el propio hilo conductor de la película, un médico impotente para curar la letal enfermedad de su amada se rebela contra la resignación y emprende la busqueda de la fuente de la eterna juventud, repudiando para ello razón, sentido común y prudencia. Destruyéndose a sí mismo con tal de tener una esperanza de supervivencia para ella. No añado más. Ahí tenéis lo que he encontrado en Youtube.
La madrugada del 28 al 29 de este mes murió Maurice Jarre, que fue el compositor de la música de más de 150 películas, entre las cuales tenemos Topaz, Doctor Zhivago, Lawrence de Arabia, Jacob's Ladder (aquel piano de la obertura aun me da escalofrios) o Mad Max 3: Beyond Thunderdome entre otras. Desde aquí mi más sentido pésame al enajenado de su hijo -sí, el que hacía música con lasers y discos con nombres de elementos químicos- y a todos los que en algún momento nos emocionamos con su música.
Pues bien, tenía el texto preparado desde hacía más de una semana para que esta entrada de la serie Soundtracks cerrara el mes, y me ha pasado una cosa sorprendente. He ido a mirar la fecha exacta de la muerte y sorpresa, se murió el domingo... ¿¡!?
Juro aquí ante el Altísimo y las hendidas pezuñas de Belcebu que hace al menos quince días ví en televisión la noticia de su muerte. Y no lo he soñado porque Paloma, mi pareja (qué reconozco, no se encuentra ahora mismo en un momento en el que pueda pasar un examen pericial para comprobar el pleno uso de sus facultades psiquicas, peroestodalomismo) estaba conmigo y lo vió también. A ver si va a pasar como -AVISO DE SPOILER- en La Escalera de Jacob que el tio estaba muerto y soñaba que vivía en el futuro o algún lio de estos. O qué al final soy responsable de su muerte de alguna manera. O soy medio vidente y estoy aquí wasting my life cuando podría estar haciendo carrera como pitoniso televisivo. Bueno, de esto último no me cabe duda la verdad. Creo que tengo una visión, rapto místico alla voy: mañana no hay entrada.
Philip Glass. La revelación de 2007 en cuanto a música vino de la mano de este compositor y del score que desarrollo para la película The Hours. No os puedo contar nada acerca de la película porque no la he visto, pero aventuro que acompañada por semejante banda sonora tiene que ser fantástica.
Coleccionar bandas sonoras tiene un punto de magia, como decirlo, desviada. Cuando un compositor crea una partitura para una determinada película, piensa -supongo- en como debe la música acompañar al devenir de las secuencias, de manera que metraje y música se aunan para conformar un todo. Sin embargo, cuando primero escuchas la banda sonora, imaginas tu propia película y a veces cuando más tarde ves el film te decepcionas. ¿A veces? Siempre.
Yo dejé de hacerlo, ver películas cuya banda sonora me llegara como esta me ha llegado. A fuerza de escucharla mientras trabajo, mientras paseo, leo, cocino o limpio el piso y acompañándola de recuerdos, evocaciones e imaginación, la banda sonora se desvía del cometido original para el que fue compuesta, pero se adapta al fin que yo mismo le he creado y esto evita que pierda la magia con la que fue creada. Sencillamente se transforma en algo tan personal que me apodero de ella.
Esta vez no he tenido que preparar el vídeo para postearlo. De acuerdo con lo que acabo de escribir, he encontrado una magnífica interpretación sin imágenes de la película. Una interpretación fuerte, precisa y rotunda que extrae todo la magnífica vehemencia y romanticismo que acompaña a esta pieza y a la banda sonora en general. Dos obras de arte en definitiva, las manos de Branka Parlic y la pasión que con ellas traduce.
En 2002 yo llegaba a Barcelona y en ese mismo año, Hispano Foxfilm estrenaba la visión hollywoodense de la novela homónima de Stanislav Lem Solaris. Alejada del planteamiento sci-fi de la novela y de la muy soviética y contestataria versión de Andreii Tarkovsky, fue dirigida por Steven Soderbergh, protagonizada por el siempre eficaz (para cámara y taquilla) George Clooney y la tres veces bella Natascha McElhone y producida por el detallista James Cameron. Más centrada en las relaciones interpersonales que se suceden entre los personajes, la película se centra en la trágica historia de amor y vacío personal que atenaza a los dos protagonistas.
Hasta aquí lo que podriaís encontrar en Google... Dicen de ella que si no hubiera sido por Cameron la cinta hubiera sido un pastiche romanticón, que si la versión de Tarkovsky es muchísimo mejor, que si el culo de Clooney estaba retocado y yo digo: me aburrís.
Toda la cinta es auténtica poesía, estética, conceptual y narrativa. Todas las interpretaciones son sublimes, la dirección es magistral y el diseño de producción -como no podía ser de otra manera- es absolutamente sensacional. Cuando salí del cine estaba preso de una especie de rapto psíquico. Como si hubiera viajado a la estación espacial Prometheus y allí hubiera leido por primera vez Solaris. El tempo, el detalle y la onírica historia me transportaron, pero la música, la música me sedujo. Estuve vagando en silencio por Barcelona buena parte de la noche, como en cero-G, no podía quitármela de la cabeza. Al poco me compré el CD y a día de hoy todavía hay veces que me la pongo en los cascos para dar paseos nocturnos y soñar despierto.
He preparado el fragmento correspondiente al segundo tema de la banda sonora, titulado First Dream, para abrir esta nueva sección que lleva por título Soundtracks. Espero que os guste. ¿A mi? A mi me fascina.