miércoles, 1 de julio de 2009

Lo-Fictions #4


Cuando Chiyoko llego a Barcelona se sintió feliz y creyo que por fin podría olvidar todo lo que echaba de menos de Kyoto. Y así había sido durante las primeras semanas que había pasado, entre conociendo a los amigos de su hermana y visitando los lugares más turísticos. Perspectiva de trabajar no se había presentado todavía, demasiada competencia, pero no volvería a Japón. Al menos no hasta que estuviera segura de que aquello que había aniquilado su conciencia y que la había postrado durante meses en una sucia institución para enfermos mentales de Kibuneguchi, hubiera muerto.

Ahora todavía podía echar de menos a su gatito Hanzo, el Ikebana, las noches de fiesta en Aoi Matsuri y los paseos con Miyamoto y su cámara. Pero penso que tenía que tener cuidado si profundizaba en el recuerdo, otra crisis como la que sufrió en el edificio Batlló y volverse a desplomar como una idiota jadeante podía ser fatal. Si tenía que suceder, que sucediese, no le importaba, había perdido toda la dignidad que le quedaba en Kibuneguchi, pero no delante de ella. Fuera lo que fuera lo que había comenzado entre ellas dos, no quería que se desvaneciese por un susto.

Volvió a dar un sorbo a su Coca y miró a Mizuni mientras esta contestaba a su hermana y entre un sentimiento de repulsión por la endogamia existente en aquella mesa, reflexionó sobre el hecho de que allí, ella era la gaijin y se dió cuenta de que la deseaba profundamente.

3 comentarios:

jokiller dijo...

:)

Orroe dijo...

Te echo de menos, mamón, y ahora que no nos lee nadie: ¡te quiero!

Jose

Dr. Infernus dijo...

Jaja, gracias chicos, es un placer y un honor teneros por aquí.

Un besazo a los dos!